junio 20, 2024

Imágenes: “Retrato de nativo noble”, 1701-1800. Anónimo, Museo de América, Madrid. Grabado “Novena para los nueve dias de jornadas con el auto religioso la Virgen de Tepayac”, Autor: José Guadalupe Posadas, publicado por Antonio Vanegas Arroyo, 1898. Museo Metropolitano. “Cholombiano”, fotografía: Amanda Watkins, Exposición “Cholombianos”, Museo de la Ciudad de México, 2016.

El pelo es un órgano de nuestro cuerpo que se caracteriza por sus distintas funciones orgánicas y sociológicas. Históricamente, el cabello ha tenido entre los distintos pueblos de la antigüedad un papel importante, sobre todo entre el género masculino, en este sector, el cabello ha sido un símbolo de honorabilidad. Los cananeos, por ejemplo, se arreglaban el pelo para indicar su origen familiar; los egipcios, utilizaban pelucas como distintivo real y también para proteger su cabello natural de los rayos del sol. En la India, los Sadhu profesan su devoción a Shiva dejando crecer su pelo, el cual, puede alcanzar hasta dos metros y medio de largo. En los países islámicos por tradición, tanto los hombres como las mujeres, cubren en los lugares públicos su cabello con pañuelos, turbantes o velos; esta práctica al parecer, influyó entre los judíos durante la Edad Media. En Mesoamérica, el cabello estuvo relacionado con el Tonalli (parte de la coronilla), zona en la que habitaba la fuerza vital del individuo.

En la actualidad, la manera de arreglarse el cabello, además de reflejar la moda, revela la identidad o clase social de una persona. Es quizás en el mundo de la música, donde podemos observar algunos ejemplos específicos: las rastas de los cantantes de reggae (1960) que simulan la melena del león, los punk (1970) con su estética rebelde e icónicas crestas, utilizadas como un símbolo de rebeldía tanto en el corte como en el color, o los cholombianos con su estilo chúntaro (2000), una apariencia que surge de una mezcla y crea un nuevo lenguaje expresivo. En estos tres grupos de distintos géneros musicales y épocas, el denominador común es la manera de llevar el pelo; el cabello se convierte entonces, en un símbolo de rebeldía pública no solo por cómo es visto el colectivo o el individuo, también, transforma la mirada de quien o quienes los observan.

Para el caso del último grupo, llama la atención que su corte de cabello tiene un origen que se puede apreciar fielmente en la iconografía de los siglos XVII y XVIII del México Novohispano. Los “Cholombianos” son un grupo de jóvenes que alcanzaron notoriedad en 2019 con la película “Ya no estoy aquí”, del cineasta Fernando Frías de la Parra, también en 2013 con la publicación homónima, editada por Trilce. Sin embargo, en el 2000 ya habían llamado la atención del grupo de rock “El gran silencio” con su trabajo discográfico “Chúntaros Radio Poder”.

La palabra chúntaro, no cuenta con una definición normalizada por alguna institución, pero es usada en contextos específicos. En algunos lugares del norte de México, se usa de manera despectiva para referirse a una persona inculta y prosaica, al parecer, el vocablo tiene su origen en la palabra chundo, su equivalente sería naco, que de acuerdo con la Academia Mexicana de la Lengua, se define como «indio» o como persona “vulgar o de mal gusto», «que se percibe sin urbanidad o sin civismo». En la música, es interesante ver que, la onomatopeya “chun-ta-ta, chun-ta-ta”, se usa para referirse a un ritmo característico de la música popular mexicana considerado como ramplón.

Otra definición que resulta sorprendente es su relación con una persona o soldado con pelo rasurado en casquete corto (Pablo Velasquez, 1978), aclaración que nos acerca a un hecho específico ocurrido en el siglo XIX en las Antiguas Californias. En los años veinte de este siglo, los reclutas del Presidio de Monterey (California) recibían un corte de pelo peculiar después de ser alistados, se les rapaba toda la mitad delantera de la cabeza, dejando solo unos mechones a los lados de la cara. Las “valcarras” como eran nombrados estos mechones, eran parecidas a las patillas (California Voices, 2005). Por otra parte, en un documento fechado el 11 de marzo de 1717 y firmado en Monterrey (México), se informa que un grupo de españoles se reunió para tomar medidas y mitigar la hostilidad de los indios chichimecas, una de las acciones fue cortar sus largas cabelleras y hacerles el corte de “balcarrotas”.

A su vez, en los cuadros de castas del siglo XVIII, retratos familiares que representaban a la población de la época, según su clase y descendencia al juntarse con personas de sangre diferente, se observa entre los indios “aculturados” el peinado documentado en el siglo XIX. Al respecto, Joaquín García Icazbalceta (1899) señala que: “las “balcarrotas”, son mechones de pelo que los indios dejan colgar a ambos lados de la cara, llevando el resto de la cabeza rapado” (Vocabulario de Mexicanismos, Facsimil, 1975).

De indio y mestiza nace coyote 1774, Anónimo, Museo de América, Madrid.

 

“Retrato de nativo noble”, 1701-1800. Anónimo, Museo de América, Madrid.

 

Tercera aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego, s. XVIII, Anónimo. Museo Nacional del Virreinato. INAH

Más aún, en el siglo XVII, Felipe IV, hace redactar una ley que prohibía el uso de guedejas y copetes en hombres. Así, en el pregón del 13 de Abril de 1639, se lee:

“Manda el Rey nuestro Señor que, por cuanto el abuso de las Guedejas y Copetes con que andan algunos hombres y los rizos con los que componen el cabello, han llegado a hacer escándalo en estos reinos, digno de remedio, y para evitar los daños que de esto resultan, que ningún hombre pueda traer copete, ni guedejas con crespo u otro rizo en el cabello, el cual no pueda pasar de la oreja. … Todo lo dicho se manda pregonar para que se guarde, cumpla y ejecute» (Biblioteca digital Memoria de Madrid). La Real Academia Española (RAE) define “guedejas” como cabellera larga o mechón y, durante el siglo XVI, fue un peinado característico entre los hombres de la nobleza indígena.

En esta centuria, la sociedad nativa adoptó por imposición la indumentaria europea, sin embargo, los hombres adquirieron un peinado que se caracterizó por tener la cabeza rapada, con solo dos “crenchas o guedejas” de pelo ensortijado o enredado que enmarcaba el rostro; este tipo de peinado fue característico entre los indios “aculturados”, es decir, los que asimilaron la cultura y nuevo régimen español; tanto en los macehuales como en los caciques, fue común este peinado durante el periodo colonial.

A su vez, los testimonios de los cronistas del s. XVI, refieren que en los tiempos anteriores a la conquista se consideraba innoble usar el pelo corto, solo los niños pequeños “andaban motilados o atusados de la cabeza”, había niños mayores que traían orejeras y collares de “caracolillos”, pero no tenían algún atributo militar; el cabello largo peinado de distintas maneras, solo era utilizado por hombres de mayor jerarquía social y por los jóvenes guerreros del Telpochcalli y el Calmecac (Sahagún, Códice florentino, 1575).

Por su parte, Sahagún ( señala que en la fiesta del mes Xocotl Huetzi, dedicada al dios del fuego, los niños de diversas edades tomaban parte, se juntaban todos los mancebos y mozoelos que tenían “vedixas” de cabellos en el cogote (debajo de la nuca), que llamaban cuexpaleque. Las vedixas o vedejas, eran mechones de cabello usadas por los jóvenes del telpochcalli que aún no habían ido a la guerra. Cabe agregar que la palabra vedeja es la forma más antigua de la expresión guedeja.

Por lo tanto, el corte de “valcarra” o “balcarrotas” como las “guedejas” y “vedixas” son un peinado con una larga tradición utilizados por los nativos de México. Pero al parecer, en el siglo XIX el corte fue considerado como un correctivo en algunas regiones de las Altas Californias (California Voices, 2005).

Regresando a la imagen del Cholombiano, una característica muy propia, que ha llamado la atención es su corte de cabello, al igual que los nativos indígenas, rasuran parte de su cabeza y se dejan un copete y unos mechones que parecen unas largas patillas. El corte es casi idéntico a los hombres que aparecen en los cuadros de castas del siglo XVIII (Véase las imágenes). Otro punto a resaltar es el culto o gusto por la imagen de la Virgen de Guadalupe, como refiere Watkins, aunque la influencia del hip hop se observa en sus ropas holgadas,  también se caracterizan por elementos religiosos. Llama la atención que en el grabado «Novena para los nueve días de jornadas con el auto religioso de la Virgen del Tepeyac», (1898), se observa a un hombre que sostiene un trozo de tela con una imagen de la Virgen, la apariencia coincide con las descripciones de los cuadros de castas y además, es muy parecida a la imagen de un cholombiano, como se puede apreciar en las siguientes imágenes.

 

Imágenes:
Grabado: “Novena para los nueve dias de jornadas con el auto religioso la Virgen de Tepayac”, Autor: José Guadalupe Posadas, publicado por Antonio Vanegas Arroyo, 1898. Museo Metropolitano.
“Cholombiano”, fotografía Amanda Watkins, imagen del libro “Cholombianos, ediciones Trilce, 2013.
Imagen: Cartilla o silabeo para uso de escuelas, 1818, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. INEHRM

No hay duda que el cabello en las distintas sociedades y épocas presenta características muy particulares, desde creencias mágicas, religiosas o estéticas, el cabello en el ser humano no es un elemento vano, sino todo lo contrario, es un elemento vivo, que puede mostrar dignidad o sometimiento. El cabello representa la subversión del status quo, muchas transformaciones sociales de la historia, vinieron acompañadas con un movimiento colectivo o individual expresado a través del cabello.

 

Zandy E. Velasco

[email protected]

Referencias:

Códice florentino, Fray Bernardino de Sahagún, 1575.

Academia Mexicana de la Lengua.

https://www.academia.org.mx/consultas/consultas-frecuentes/item/naco

Pablo Velasquez, Diccionario de la lengua phorépecha. México: Fondo de Cultura Económica. 1978,

José Mariá Amador, Lorenzo Asisara, Californio Voices, University of North Texas Press, 2005.

Joaquín García Icazbalceta, Vocabulario de Mexicanismos, Facsimil, 1975.

La Real Academia Española (RAE).

https://dle.rae.es/guedeja

 

 

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