junio 20, 2024

Retrato de un soprano “castratto”, Escuela Napolitana (XVIII). Posiblemente Adamo Solzi Fuente: Internet, dominio público.

A lo largo de la historia, la música y los cantores han tenido un papel trascendental en los centros religiosos, de tal suerte que estos espacios no se conciben sin su presencia, pues con los cantos litúrgicos, los feligreses y los cantores, elevaban con sus voces las alabanzas a las divinidades. En el caso de la religión cristiana, el canto fue una práctica importante, herencia de la tradición hebrea.

Ya desde el siglo IV, las mujeres cristianas tenían prohibido esta actividad lírica, al igual que las mujeres en la Sinagoga,  debido a una errada interpretación de la Carta a los Corintios, escritas por el apóstol Pablo en Grecia en el s. I (e.c.), por lo que los coros eclesiásticos estaban compuestos solo por hombres. Sin embargo, en estos grupos corales eran necesarios los registros de voz altos y agudos, por lo que era difícil tener personas que cumplieran con estas necesidades vocales.

Se sabe que desde la antigüedad, la castración tuvo una función social específica tanto en Medio Oriente, como en la India, en África y en China. De acuerdo con los estudiosos, esta práctica nació entre los persas y turcos; los eunucos, fueron hombres que, de forma obligada o voluntaria, habían sido castrados; los que eran intervenidos en contra de su voluntad, tenían la condición de esclavos y eran vendidos. Los que accedían de manera consciente, se desempeñaron como preceptores de niños o bien, como guardianes de las mujeres en las cortes reales. Otros lo hacían por cuestiones religiosas.

En el imperio Bizantino por ejemplo, la castración fue considerada un requisito para quienes iniciaban una carrera política, pues de esta manera, los hombres se mantenían íntegros y les era muy difícil caer en la tentación sexual. Lo cierto es que desde el siglo X, los eunucos que se distinguían por una voz aguda, cantaban en la liturgia celebrada en la Catedral de Santa Sofía, práctica que se dio de manera prolífica en todo el siglo XII; con base a testimonios documentales, se sabe que en este siglo, se emplearon eunucos para cantar en los coros de las iglesias de Grecia, España y Portugal.

En España, los cantantes “castrados” aparecieron en la liturgia mozárabe española y portuguesa hacia los siglos XII y XIII, concretamente en la región aragonesa de Huesca, posteriormente, en el siglo XVI llegaron a Italia, específicamente a la  Capilla Pontificia vía la Corona de Aragón, donde fueron conocidos como “castratti”, participar en la Capilla Sixtina, les valió su fama universal.

La presencia de los coros de música, fue una tradición occidental, en concreto de la Iglesia católica. Coro medieval (1479), xilografía. Museo Metropolitano de Arte.
La presencia de los coros de música, fue una tradición occidental, en concreto de la Iglesia católica. Coro medieval (1479), xilografía. Museo Metropolitano de Arte.

En la actualidad, se emplea la voz italiana para referirse a este tipo de cantantes, pero el término tradicional castellano que refiere a estos personajes fue la palabra “capón”. De acuerdo con Covarrubias (1611), el término se utilizaba para referirse al hombre que había sido mutilado en su virilidad. Asimismo, el vocablo hacía referencia a las aves de corral, pues los pollos para consumo, de igual manera se castraban, por lo que posteriormente, el término quedó en desuso y relacionado solo con los gallos o aves de corral.

Por otra parte, el sitio donde se empleó este término sistemáticamente, fue en las capillas cristianas, así, en el sur de Europa, durante el siglo XVI, se dio la costumbre de castrar a los niños de 7 a 9 años que poseían voces finas. También en este siglo, se fundó en España el Real Colegio de Niños Cantores de Madrid, centro donde se educaban a niños “no enteros” en el arte de la música, esto se documenta en uno de los edictos de convocatoria de plazas, donde se hace mención al recibimiento de “niños castrados”, de buena voz y oído, que supieran leer, de edad mínima de siete y máxima de doce años, también, admitían a niños enteros (no castrados) que no excedieran los diez años, además, debían comprobar su pureza de sangre. En Italia, los “castratti” estudiaron en las escuelas de música de Nápoles.

Así que muchos padres, sometieron a sus hijos a esta cirugía. Capar a un niño que tenía una excelente voz para el canto, fue para la época, un seguro de vida, pues con su admisión en las Capillas, se conseguía cierta estabilidad económica a lo largo de su vida. La castración de personas no era permitida, desde el Concilio de Nicea (325), la iglesia la castigaba con la excomunión; sin embargo, en 1599, Clemente VIII la aceptó siempre y cuando se realizara para honrar a Dios. Por lo que en esta centuria, la castración tuvo un fin exclusivamente musical.

En el tratado sobre los eunucos (1707) de Charles Ancillon, se describen algunos métodos; la operación consistía en la disección de los cordones espermáticos, no se extraía todo el aparato genital. Con la cirugía, se detenía la secreción de testosterona, esto impedía que la voz mudara con el paso de los años. La intervención debía realizarse a edades tempranas porque era la única manera de garantizar una “voz delgada” y esto a su vez, significaba un valor económico mayor.

Si bien en los coros de las capillas se emplearon “falsetistas”, hombres que también alcanzaban notas agudas, los “capones”, se distinguieron por su voz angelical. Los  agudos prodigiosos casi de mujer, se escuchaban portentosos en los recintos religiosos y hacían vivir un momento celestial al público de la época. De esta manera, fue normal que en los coros de la época hubiera los “falsetistas artificiales” y los “falsetistas naturales”, los primeros eran varones con la voz educada para cantar en “tonos de cabeza” y los otros, los “capones”, los que conservaban una voz  impúber.

En este contexto, fue normal llamar en las iglesias españolas “capón”, “caponcillo” o “capádico” a los mozos de coro, cabe resaltar que cuando se utilizaban estas voces para nombrarlos, no aparecía el nombre de la persona y, por el contrario, cuando se hacía referencia al patronímico, no aparecía clara su condición de castrado.

Si bien los “capados” gozaron de cierto reconocimiento y opulencia, la intervención quirúrgica tenía consecuencias fisiológicas y sociales a lo largo de su vida. La sobreactivación de hormonas femeninas les provocaba obesidad, ausencia de vello facial; su anatomía era más femenil: hombros estrechos, cadera pronunciada y desarrollo de los senos, además, era común la depresión por el trauma de su mutilación y con frecuencia, presentaban ataques de melancolía que remediaban con el consumo de golosinas, por lo que aumentaban de peso.

En lo social, aunque gozaban de fama, eran objetos de burlas por su condición andrógina y voz afeminada, igualmente, la jerarquía católica, la misma que gustaba de escuchar su canto angelical, les tenía prohibido el matrimonio y ciertas profesiones, situación que los colocaba en contextos depresivos y vida solitaria. Esto explicaría porque eran considerados personas egoístas, coléricas y promiscuas, pues por su circunstancia, atraían tanto a mujeres como a hombres.

Carlo Broschi Farinelli, el castrati más popular de todos los tiempos. Jacobo Amigoni, 1750-52 (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid). Durante más de una década, Farinelli canto exclusivamente para el rey de España Felipe V para que éste pudiera conciliar el sueño.
Carlo Broschi Farinelli, el castrati más popular de todos los tiempos. Jacobo Amigoni, 1750-52 (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid). Durante más de una década, Farinelli canto exclusivamente para el rey de España Felipe V para que éste pudiera conciliar el sueño.

En lo laboral, si bien algunos consolidaban su carrera, otros en cambio, acababan en la miseria. Otra situación ofensiva fue la de comprobar que en realidad eran hombres cuando eran contratados, por lo que debían ser visionados sus atributos, debido a  la presencia de mujeres disfrazadas que se hicieron pasar por castrados, quienes colocaban en su zona íntima órganos viriles postizos.

Durante cuatro siglos continuos, los cantores “capados” proliferaron por toda Europa, fue hasta el siglo XVIII que se empezó a considerar la castración como un acto vergonzoso. Tanto la gente del Vaticano como los intelectuales (por ejemplo Jacques Rousseau) de la época, reprochaban esta práctica y para el último cuarto del siglo, se empezó a legislar, fue hasta 1878 que por decreto papal, los castrados son retirados de los coros del Vaticano y sustituidos por los contratenores y sopranos de coloratura, esto permitió que las mujeres actuaran en los escenarios teatrales. Los capados o castratti que habían sido adulados por reyes y jerarcas por su melodiosa voz, terminaron olvidados y desterrados de los escenarios.

Referencias bibliográficas:

“Cantores capones en la catedral de Jaén. Notas históricas”. Pedro Jiménez Cavallé, Boletín. Instituto de Estudios Giennenses Julio/Diciembre, 2008.

“Castratti, superstars del siglo XVIII”. Manuel Moros, Clío: el pasado presente, 2010.

“La voz del castrato Farinelli”. José Antonio Rosell Antón. Seminario Médico Volumen 63, Año 2021.

 

Zandy E. Velasco

redacció[email protected]

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